Esta boda fue muy particular ya desde el principio. No me contrataron los novios, sino un amigo común, al que se le ocurrió enredar a otros amigos y regalarles las fotos de la boda entre todos. Magnífica idea, por cierto. Tampoco se casaban, desde el punto de vista oficial del término, puesto que lo habían hecho unas semanas antes en Suecia. Por lo tanto no habría ceremonia religiosa ni civil como tal, en su lugar celebraron un acto íntimo y privado que resultó de lo más original. Tampoco pudimos hacer preboda porque el único día que nos cuadraba a todos era dos días antes de la boda y, aunque lo intentamos, un inoportuno virus que les afectó echó por tierra nuestros planes. Ya sin tiempo material y sin haber hablado apenas, nos conocimos el mismo día del acontecimiento.
Almudena es española y Mathias sueco, músico profesional por más señas. Así que la boda prometía buena música, teniendo en cuenta que asistían nada menos que siete músicos profesionales con ganas de pasarlo bien. Lamentablemente las fotos no pueden dar forma al arte musical, eché de menos a mi amigo Manuel Girol, que es el que me acompaña en las labores de vídeo, porque estoy seguro que lo que allí se escuchó impresionaría a más de uno.
Se casaron en un diminuto pueblecito de la zona de los Pueblos Negros, en Guadalajara, llamado Campillo de Ranas. Cuando llegué Mathias me preguntó muy amablemente qué tenían que hacer ellos y cómo solía trabajar en un acontecimiento así. Yo le dije que no se preocuparan por mi en absoluto, que era su día y que yo me iba a limitar a captar momentos que surgieran espontáneamente, luego a lo largo de la tarde ya habría tiempo para tomar fotos un poco más “preparadas”, si hubiera necesidad, tiempo y ganas. Me pareció notarle algo aliviado, pero le acababa de conocer, tampoco sabía muy bien cuánto le preocupaba mi forma de trabajar. Cuando me despedí de él al final de la fiesta, me dijo que creía que lo del fotógrafo de bodas iba a ser más duro. Yo no le entendí bien a qué se refería, Mathias habla perfectamente español, pero a veces las expresiones de un idioma que no es el tuyo pueden dar lugar a equívocos. Se debió dar cuenta y me aclaró que pensaba que iban a notar más mi presencia y que le iba a dirigir en cierta manera o hacer posar más de lo necesario, pero que habían estado muy a gusto conmigo. Yo le repetí lo que le dije nada más conocerle, que era SU boda, no la mía, que yo no podía dirigirla ni inmiscuirme de ninguna manera. Esa es mi forma de trabajar y creo sinceramente que es la correcta. Si el fotógrafo dirige la boda, y más con la experiencia de haber asistido a un montón de ellas, ya no es la boda de los novios, es la del fotógrafo, lo que no tiene ningún sentido. Otra cosa es que, si el momento es propicio, pueda ofrecerles algún consejo o indicación de qué se suele hacer en determinadas circunstancias. Ellos al fin y al cabo es la primera vez que se casan y pasan por todo el proceso, yo en mi humilde experiencia sí intento ayudar en lo que puedo, aportando ideas y señalando posibles opciones que he visto que han adoptado otros novios en situaciones parecidas.
Los novios se casaron en Suecia, pero quisieron hacer una ceremonia idéntica aquí en España. Y lo que idearon fue una de las ceremonias más bonitas y emotivas que he visto nunca, por no decir la que más. Simplemente se pusieron ante todos los allí presentes, no de espaldas como es tradicional y, sin presencia alguna de sacerdotes, jueces o funcionarios públicos, se juraron amor y lealtad, intercambiaron anillos y expresaron delante de todo el mundo su amor y admiración el uno por el otro. La ceremonia se desarrolló en inglés y español y corrió a cargo de los novios y otras personas allegadas. Una de ellas, el padre de Mathias, simplemente tuvo que dejar de hablar porque de la emoción no le salían las palabras. Cuando acabó la ceremonia le pregunté por lo mal que lo había pasado y me contó que en Suecia habían hecho prácticamente la misma ceremonia, pero que allí no se emocionó de esa manera. En esto se acercó el padre de Almudena haciendo un gesto con la mano en su garganta como intentando que le pasara el nudo que le atenazaba, los dos consuegros se miraban y reían mientras hacían el mismo gesto, uno hablándome en español y el otro en inglés, pero la emoción y la felicidad no entienden de países, culturas ni idiomas. Hablando del padre de Mathias, lo único que le oí decir en español fue “qué guapa estás”, a todas las mujeres que se cruzaron con él, cosa que éstas le agradecieron con la mejor de sus sonrisas. Muy listos estos suecos, pensé.
Mención aparte merece Solvei, su hija, que como se puede apreciar en las fotos, ella sola daría para rellenar un álbum. Pero lo mejor es que las imágenes hablen por si mismas.
En resumen una estupenda boda, íntima y emotiva, aderezada con una preciosa ceremonia, un bonito emplazamiento y una magnífica música. Solvei, Almudena y Mathias se van a vivir a Suecia dentro de unos días, así que me tengo que dar prisa en darles las fotos. Desde aquí quiero agradecerles que me trataran como un amigo más y que me permitieran compartir con ellos momentos tan íntimos, como cuando Almudena le dio el pecho a su hija y me dijo que me podía quedar con ellas, que no solamente me permiten obtener esas imágenes que a todos nos gusta ver pasados los años, sino que me hacen sentir que trabajo con amigos de toda la vida. Así que no me queda más que desearos toda la felicidad y suerte del mundo. Cuidaos!






















































El abuelo de Almudena no pudo soportar la emoción y rompió a llorar cuando su nieta se acercó a darle un beso. Tuvimos que dejarle tranquilo unos momentos para recuperarse.


























Mathias, como buen músico, sabe lo dañino que puede resultar para los oídos de un niño pequeño la música a un volumen alto. Por ello Solvei iba perfectamente protegida a tal efecto. En lo que a mi concierne, no quiero desaprovechar la ocasión para recordar a los padres y demas personas que hacen fotos a bebés y niños pequeños que los flashes son igualmente perjudiciales para los ojos todavía formándose de los pequeños. Tened mucho cuidado de que no salte el flash de vuestras cámaras cuando lo están mirando directamente, aprovechad a hacer fotos con luz natural, que además es la mejor fuente de iluminación que existe.














Esta foto se la dedico a mi improvisado ayudante, uno de los saxofonistas, que me echó una mano con el flash remoto. También a la simpática pareja que aparece en ella y que me preguntaban mucho acerca de cámaras y lo que andábamos haciendo con el flash en la mano.


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