IMPORTANTE. AVISO!. Esta entrada en el blog lleva contenido explícitamente técnico que puede herir la sensibilidad de mis lectores habituales. Si no te interesa en absoluto la tecnología ni los desvaríos de un friky, puedes pasar al final del texto a ver las fotografías que lo acompañan. Esta vez me ha dado por ahí, gracias por tu comprensión.
Parafraseando el programa de Jesús Calleja, Desafío Extremo, de vez en cuando me da por auto-imponerme experimentos fotográficos, que por supuesto no suponen “extremo” alguno. Una de las prácticas que suelo hacer es salir a hacer fotos con un solo objetivo, y no vale el 24-105, que eso es muy fácil. Esta vez he elegido mi preferido para retratos, el Canon EF 100 F/2, para mi una de las joyas de la oferta del fabricante y que no suele prodigarse mucho. Normalmente se utilizan sus hermanos de la serie “L” como el 85 1.2 (alias el “tardo mucho en enfocar pero luego se te va a caer la baba”, el 135 F/2 (alias el “rey del bokeh”) o el 85 1.8 (su primo hermano).
Pero me tenía que poner una meta más difícil y, ya de paso, corroborar uno de los hechos que todo el mundo que se dedica a la fotografía aprende tarde o temprano: Del tripartito –cámara, objetivo, fotógrafo–, el menos importante es precisamente la cámara, siempre que sea minimamente decente, claro. Así que mis condiciones autoimpuestas fueron:
- Hacer todas las fotos sentado. Al ser una focal fija evitaría la tentación de hacer zoom pedestre.
- Luz natural, sin reflectores, flashes ni apoyo lumínico alguno.
- Utilizar una cámara APS-C en lugar de mi 5D mkII habitual, con lo que la focal se convertiría en 160mm. De primeros planos estamos hablando. Así que desempolvé mi anciana y querida 350D, una cámara de aficionado, con tecnología de hace seis años, solamente 8 megapíxeles y que a ISO 800 ya tiene más ruido que la 5D a 3200
- Cámara configurada en prioridad de apertura, medición ponderada al centro, F2 fijo, 100 ISO y RAW
- Ajustes mínimos en Lightroom 3.3 con un límite máximo de 30 segundos de tiempo de proceso por foto.
Los resultados al final de texto. Las conclusiones, las comentadas: la cámara es lo menos importante de todo el conjunto. Como hay bastante gente que me suele preguntar qué cámara se compra para empezar, etc., aquí expongo mis humildes recomendaciones a los que empiezan un poco en serio con la fotografía y compran una cámara reflex:
- La gama de entrada de cualquier marca cumplirá con creces su cometido. Yo personalmente recomiendo ir siempre a por una Canon o Nikon. No quiero decir con esto que Olympus, Sony, Pentax, etc. hagan malos productos, simplemente que si al final se quiere profundizar en el tema, los “reyes del mambo” son solo dos. Es la cruda realidad.
- Evitad los objetivos del kit. Vale que son baratos y tienen una calidad razonable para su precio, pero suelen acabar de pisapapeles si os queréis meter un poco en serio. Tanto Canon como Nikon tienen objetivos de 50mm f1.8 por cerca de los 120€ que ópticamente son verdaderos “pata negra” a precio de low cost. Para disfrutar de unas focales más todo-terreno, existen excelentes objetivos 18-50 f2.8, 18-135 estabilizados de varias marcas, que superan con mucho los del kit.
- El cuadradito verde (conocido como “deja que lo haga yo todo, que tu no sabes”) y que viene ya preseleccionado de fábrica en el dial superior de vuestra cámara, es realmente nefasto. No os va a dejar hacer nada más que encuadrar y se va a empeñar en disparar el flash cada vez que le de la gana. No lo uséis, solo sirve para que vuestras fotos tengan el aspecto de las hechas con una compacta, pero con más peso y coste. Atreveros a explorar el potencial de vuestras cámaras, que tiene muchísimo, os lo aseguro.
Hasta aquí el rollo. Espero que os gusten las fotos de estos “angelitos”.











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